Guía de Verano para Jóvenes 2010

   
 

Camino Soria

 

Alumnos del IES Luis Buñuel describen el viaje de la clase 'Tras las Huellas de machado y Becquer'

David Kasal y Daniel Salvador, IES Luis Buñuel

Por la carretera N-122 pasando por el Moncayo, frontera natural entre Aragón y Castilla fuimos a Soria. Al llegar, lo primero que visitamos fue San Juan del Duero, iglesia románica del siglo XII, cuyo principal atractivo son sus arcos semicirculares del patio exterior. Está situada en la orilla del río del mismo nombre y desde allí contemplamos el Monte de las Ánimas, lugar en el que ambientó Bécquer la leyenda que lleva ese mismo nombre.

Después de almorzar en la alameda de Cervantes, paseamos por el Collado (zona comercial de la ciudad) hasta llegar al instituto Antonio Machado donde el poeta impartió clases desde el año 1907 hasta el 1912. Visitamos el aula que todavía lleva su nombre. El director del centro nos habló de la vida y la obra del escritor.

A continuación nos detuvimos en algunos monumentos de gran interés arquitectónico como: la iglesia de Santo Domingo, la fachada renacentista del palacio de los Condes de Gómara y la iglesia de Santa María la Mayor, donde se casó Antonio Machado con Leonor Izquierdo.

Seguimos nuestro camino hacia el Espino, cementerio donde está la tumba de Leonor en la que pueden leerse los siguientes versos escritos por Machado:

Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos!


A las puertas de este cementerio se encuentra el Olmo Seco que el poeta inmortalizó en Campos de Castilla:

Al olmo viejo, hendido por el rayo
Y en su mitad podrido,
Con las lluvias de abril y el sol de mayo
Algunas hojas verdes le han salido.


Comimos en el parque de Valonsadero, un lugar boscoso y agradable a las afueras de la ciudad de Soria, y que es celebrado por los habitantes de esta zona en la siguiente cancioncilla :

Si quieres ir a la saca,
Yo te llevare primero,
Yo te llevare en mi jaca,
A correr Valonsadero.


Nuestra excursión acabó con un paseo por los míticos paisajes machadianos de San Polo y San Saturio. Vimos los álamos del río, los olmos y la curva de ballesta que dibuja el río Duero al pasar por la ermita de San Saturio. Por último deshicimos el camino hecho hasta volver a Zaragoza, porque como decía:

«caminante no hay camino,
se hace camino al andar».

 

 

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